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El barrio de mis nostalgias, año
2008
He estado en contacto por teléfono
con el flaco Nelson un buen amigo de juventud. 30 años que no nos
vemos. Sin embargo, la carcajada del flaco, está intacta y entre
los reconocibles recuerdos comenzó a través del teléfono,
un conocernos de nuevo y a empezar a ponernos al día acerca de
nuestras vidas. El flaco, (¿será todavía flaco?)
quien es abuelo dos veces y ya no vive en el barrio donde nos conocimos,
se puso con mucha voluntad su maquina fotográfica al cuello, y
se fue, a pedido mío, a recorrer la calle Esperanza, entre Mapocho
y Yungay para sacar fotografías y enviármelas por el correo.
El viaje le sirvió también para reencontrarse con sus raíces
juveniles y sus propias emociones. "Años que no iba al barrio",
me comentaría después.
Recibí
las fotografías con mucha alegría y al hacerlo fui descubriendo
ese pasado que ha estado por muchos años al centro de mi existencia.
El pasado, cualquiera hubiese sido, me dije, es para revivirlo y no es
para olvidarlo. Carloncho, dijo el flaco, el barrio ha cambiado mucho.
Sin embargo, los algo decrépitos edificios y rincones donde pasé
mi feliz niñez y gran parte de juventud todavía están
aferrándose a sus dioses y a la vida. Esperan mi regreso antes
que una endemoniada maquina les pase por encima de su historia.
Disfruté
la calle Esperanza, sus cités y sus casas empotradas adentro. En
este entorno imaginé, en un dos por tres, mi presencia de ser niño
y adulto a la vez. Recordé mis inocencias y mis bobadas, mis alegrías
y mis dolencias. Desenterré mis sueños y mis rincones secretos.
Me vi con mis pelos parao jugando a las bolitas y al futbol callejero
con tantos amigos. Vi mis padres y los de mis amigos y amigas. Vi los
ojos contentos de los enamorados y sus pololeos. Vi los curaditos con
sus energías, sus perezas y escuchando sus chuchadas contra el
orden establecido. Vi las manos abiertas de los múltiplos oficios
de la gente. Vi las iglesias de la calle: una católica y la otra
protestante. En la primera ayudaba yo la misa. En la segunda vivía
mi amigo futbolero Luchito. En la iglesia Católica de Yungay y
Esperanza vi con cierto escalofrío los escaños donde un
día muy lejano de mi niñez caí, no muy graciosamente,
desde lo alto donde me había encaramado para observar el panorama
de la vida.
Lo que no vi en Esperanza al llegar a Yungay fue donde estaba el Pasaje
Santo Domingo (El Chiflón del Diablo). En su lugar vi un edificio
encaramado en sus cimientos donde un día estuvieron las vivencias
de un centenar de personas entre ellas las mías las del flaco y
la de Tereza que aparece en una de las fotos.
En
las fotografías me vi pajareando con un membrillo en la mano por
la calle Yungay hacia la escuela Alemana número 16 en la calle
Libertad donde estaría esperando a sus alumnos mi señorita
Gladis Mendoza. En mi camino a la escuela pasaría por la casa donde
vivía el Cua Cua Hormazábal maravilla Colócolina
y hermano de mi amigo el Chaucha que en paz descanse. En este camino hacia
la escuela pasaba por el pasaje Baltra y al hacerlo lo hacia por frente
de la casa donde vivía Mauricio Jean Carrasco Valdivia, joven de
lindos ojos azules quien me enseño a tocar en la guitarra la canción
Al Pasar esa Edad.
Nelson
no solo fotografió las montañas andinas que vigilan las
mañanas Santiaguinas y algunos rincones adicionales de la ciudad
sino que fotografió a Tereza Rodriguez amiga de mi infancia y hermana
de Rolando que junto a Mauricio Jean fueron cruelmente asesinados por
la dictadura de Pinochet por defender la libertad del Chile de mis nostalgias.
Muchas
gracias flaco! por tu trabajo. Te pasaste.
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